María Lobo y el trato con los otros: una novela sobre el efecto peculiar

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En El efecto peculiar, María Lobo construye una trama en torno a Cibelia Ree, una mujer tucumana obsesionada con un fenómeno acústico atribuido a Antonio Meucci. La novela explora las desconexiones de la vida moderna y la relación entre las provincias y el centro del país.

Es una regla sagrada de la lectura crítica que uno nunca debería enamorarse de un personaje, o por lo menos no dejar que ese enamoramiento afecte sus interpretaciones. Este principio aplica a los autores mismos; si bien se entiende que van a desarrollar vínculos emocionales complicados y profundos con sus personajes no deberían olvidar que su deber es con ellos mismos, con su arte y con el lector, en medidas variables según el caso. En El efecto peculiar, María Lobo parece haber caído en esa trampa tan seductora con respecto a su protagonista y sus obsesiones, tanto que olvidó ofrecernos una trama.

O eso, por lo menos, es una interpretación posible de una novela que también puede ser descripta como una exploración exuberante de las desconexiones, interferencias y malentendidos resultantes de la vida moderna. Cibelia Ree, una mujer tucumana de familia bastante acaudalado como para subsidiar su carrera de bajista en una banda de covers y ex estudiante de historia, está absorbida en una búsqueda de lo que ella llama “el efecto peculiar”, una especie de distorsión que surge como efecto secundario de las transmisiones electrónicas de sonido.

Esa obsesión la lleva al inventor verdadero del teléfono, Antonio Meucci, quien habría sido el primero en encontrar y describir el efecto en cuestión, y varios capítulos de la novela toman la forma de las especulaciones de Ree sobre la vida del inventor italiano basadas en sus investigaciones, su invención, cómo perdió la patente (si hay un villano aquí es Alexander Graham Bell) y por ende solo recibió reconocimiento de manera póstuma.

Esas investigaciones también la llevan a Ree a uno de los primeros emprendedores de la telefonía en la Argentina a fines del siglo XIX, un tal Philippe Didier, quien en sus propias investigaciones descubre inconscientemente una conspiración de “españoles” contra las provincias argentinas consistente en propagar la idea de que la civilización está en la capital y la barbarie en el interior.

La combinación de comunicaciones y conspiraciones puede evocar personajes como Oedipa Maas, de La subasta del lote 49, de Thomas Pynchon, y es verdad que El efecto peculiar tiene un leve aire a ficción de sistemas, pero Ree no es Maas y en general es una vertiente que queda sin explorar.

Tan enamorada está Lobo con su protagonista que le da dos amantes/admiradores (quizás el último es el más apto; toda la sensualidad del libro transcurre desde el oído para arriba): Pep, su socio en la banda, y Charlie, el nieto del protagonista de una novela anterior, Ciudad, 1951, también llamado Charles y también arquitecto.

Los dos hombres están aparentemente tan embelesados que están dispuestos a pasar sus días acompañando a Ree en su búsqueda del susodicho efecto, que ella está convencida establecerá una conexión verdadera entre los humanos, más allá de la música y el lenguaje. Este apoyo se plasma en actos como escucharla a ella mientras toca el bajo, participar de conversaciones monotemáticas, y en el caso de Charlie en escribirle cartas o acompañarla en viajes de Tucumán a Chaco, aunque al comienzo de un libro que salta bastante en el tiempo este propósito se complica por la cancelación de vuelos entre provincias por órdenes del gobierno nacional.

Si todo eso suena bastante high concept es porque lo es, y es probable que enajene a muchos lectores, pero dentro de la confusión hay mucho para rescatar: los pasajes sobre la invención del teléfono son fascinantes, la frustración con la relación abusiva entre las provincias y el centro de la Argentina –una de las grandes y continuas injusticias de la historia del país– es chispeante, lo mismo que los diálogos; los estudios sobre el desfasaje del sentido son artísticamente coherentes y efectivos. Tanto que para la última sección del libro María Lobo decidió adoptar la forma de un guión teatral, aunque esto en sí mismo es bastante indicativo de las fallas de El efecto peculiar como novela.

El efecto peculiar, María Lobo. Tusquets, 384 págs.

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