La escritora brasileña Verónica Stigger presentó en Buenos Aires su novela ‘Krakatoa’ (Caja Negra), un libro coral que imagina una erupción simultánea de todos los volcanes de la Tierra. En diálogo con Clarín, la autora describió el proceso de escritura y la investigación que realizó sobre la erupción del volcán homónimo en 1883.
La escritora brasileña Verónica Stigger presentó en Buenos Aires su novela Krakatoa (Caja Negra), un libro coral que imagina una erupción simultánea de todos los volcanes de la Tierra. En diálogo con Clarín, la autora describió el proceso de escritura y la investigación que realizó sobre la erupción del volcán homónimo en 1883.
Stigger nació en Porto Alegre, Brasil, en 1973. Es escritora, docente, curadora independiente y crítica de arte. Tiene un doctorado en Teoría y Crítica de Arte por la Universidad de São Paulo y realizó investigaciones posdoctorales en la Universidad de Roma “La Sapienza”, en el Museo de Arte Contemporáneo de la Universidad de São Paulo y en el Instituto de Estudios del Lenguaje de la Unicamp. Es autora de doce libros de narrativa, entre los que se encuentran Gran Cabaret Demenzial (2007), Os anões (2010), Delírio de Damasco (2012), Opisanie świata (2013), Minha novela (2013), Nenhum nome é verdade (2016), Sul (2017) y los libros infantiles Dora e o sol (2010) y Onde a onça bebe água (2015), este último a partir de una obra de Eduardo Viveiros de Castro. Sus libros recibieron distintos reconocimientos, entre ellos el Premio São Paulo y el Prêmio Açorianos. Fue una de las autoras incluidas en el grupo de jóvenes escritores latinoamericanos de Bogotá39.
La novela Krakatoa parte de la erupción del volcán Krakatoa, en Indonesia, el 27 de agosto de 1883. Según los datos históricos mencionados en la nota, el sonido de la explosión fue el más fuerte registrado hasta entonces y se escuchó a cinco mil kilómetros de distancia. Se estima que alrededor de 36 mil personas murieron a causa de los tsunamis originados por la actividad volcánica. Fue la segunda erupción más letal registrada en la historia.
En el libro, Stigger imagina un tiempo distinto en el que los volcanes entran en erupción en simultáneo pero, en lugar de generar una catástrofe, plantean un nuevo comienzo. La estructura combina textos narrativos o poéticos con otros informativos, que indagan en la historia del volcán, y otros escritos en registro de diario personal. La autora contó que la primera imagen que tuvo fue la de todos los volcanes de la Tierra cantando al mismo tiempo. “Era un espectáculo total, que ocurría al mismo tiempo en todo el planeta, y que no se puede ver, porque no hay punto de observación desde el que se pueda ver a todos los volcanes cantando al mismo tiempo, ni siquiera desde el espacio”, declaró a Clarín.
Stigger también se refirió a la influencia de la literatura de Jorge Luis Borges en su obra y a la voluntad de escribir la novela como si fuese una ópera. “No es una novela, es una ópera”, afirma uno de los personajes hacia el final. La autora considera a la ópera “una obra de arte total” con “la narrativa, el escenario y las artes plásticas” que de cierta forma aparecen a lo largo del libro, además de las voces de los distintos narradores.
Para la escritura, Stigger realizó una investigación sobre la erupción de 1883. “Soy investigadora, crítica de arte y etcétera, pero ante todo soy muy curiosa”, afirmó. “Entonces, pensé: ‘Si Krakatoa explotó, fue la segunda erupción más mortal del mundo, el sonido dio la vuelta a la Tierra, entonces los periódicos brasileños deben tener la noticia’. Fui a investigar y noté que tenían un material absolutamente diferente y una manera distinta de contar y de relatar aquello que sucedió con el volcán y con las personas y los reflejos en Brasil. La historia era demasiado fuerte en sí, los hechos mismos, como para no estar contándolos así, tal como fueron. Era mejor utilizar los periódicos que narrar yo lo que sucedió. Era mucho más interesante, más impactante. Hay personas en Brasil que piensan que yo inventé los fragmentos de periódicos”, contó la autora entre risas.
Consultada sobre qué enseñan los volcanes, Stigger respondió: “Que ellos son libres e indomables. No hay nadie que pueda domar los volcanes”. Y aclaró que ella tampoco pudo domarlos al escribir el libro: “¡No, tampoco! Nunca subí a un volcán”.
La novela fue escrita durante la pandemia y en una era en la que, al enfrentarse a los cambios climáticos, los seres humanos piensan, según las palabras de la autora, “en la posibilidad del fin”. Escribir libros, ante este escenario, permite para ella “abrir un espacio de libertad”, en el que puede “parar de hacer el resto de las cosas” y “hacer algo que no está vinculado a nada más que a escribir”. Los escritores, considera, deben “mantener ese espacio de libertad”.
Entre las curiosidades que surgieron desde la salida del libro, Stigger contó que lo primero que quieren saber los lectores es si se trata de una novela o de una antología de cuentos. “Porque existe esa preocupación por clasificar, que para mí no es tal. Esta tarea la dejo para la Biblioteca Nacional en Brasil, que tiene que poner el código de barras. Claro que entre los géneros literarios que existen, el de la novela es el más próximo porque hay una unidad”, explicó.
