La doctora en Ciencias Sociales e investigadora del Conicet analiza los cambios políticos y culturales asociados al desarrollo de la inteligencia artificial, en una entrevista con Redacción Litoral.
Flavia Costa, doctora en Ciencias Sociales e investigadora del Conicet, se define como especialista en políticas tecnológicas y sociedad. Es profesora asociada del seminario Técnica, Cultura y Sociedad de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA y dirige el Observatorio de Tecnologías, Sociedad y Ecosistemas Digitales. Publicó Tecnoceno (2021) y Vidas artificiales (2024).
En la entrevista, Costa sostuvo que los anuncios de avances extraordinarios en inteligencia artificial y las advertencias sobre riesgos existenciales forman parte de una misma escena. “La amenaza también es una forma de mostrar poder”, afirmó. Y agregó: “Lo que está en juego es una carrera por la capacidad de fuego, de daño, a ver quién tiene la IA más peligrosa”.
Consultada sobre el vínculo entre los dueños de las tecnológicas y el poder político, Costa indicó que existe un grupo de inversores de Silicon Valley que respaldó la segunda presidencia de Donald Trump y que concibe la IA como tecnología de guerra. “Es un grupo supremacista, extremadamente belicoso, que cree que su misión es civilizatoria”, declaró.
Respecto de la soberanía tecnológica, la investigadora diferenció escalas de acción estatal. “La soberanía no consiste en ser dueño de todo, sino en construir una posición de fuerza en uno, dos o tres campos específicos y desde ahí abrirse al espacio internacional”, explicó. Mencionó el caso de Invap en reactores nucleares de baja potencia y satélites de observación como ejemplo de capacidad desarrollada.
Sobre la situación argentina, Costa afirmó que el actual gobierno “desmonta la CNEA, Arsat, el Conicet, capacidades estatales justo cuando más hacen falta”. También advirtió sobre acuerdos entre municipios y corporaciones tecnológicas: “Al saltarse la escala regional y la construcción de capacidades propias, el Estado no negocia: se rinde. Entrega los datos de sus ciudadanos y crea una dependencia de la que después no se sale”.
En cuanto a la naturaleza de la IA, la definió como “una metatecnología: una tecnología de ensamble, que opera sobre el lenguaje y sobre otras tecnologías, y que rápidamente se vuelve infraestructura de todo lo demás”. Señaló que “produce resultados plausibles, no necesariamente verdaderos, y reproduce los sesgos de los datos con que se entrena”.
Consultada sobre los riesgos sistémicos, Costa mencionó que algunas fuentes estiman en un 10% la probabilidad de riesgo catastrófico. Describió cuatro escenarios: la carrera corporativa, el uso malicioso, los accidentes organizacionales y la IA desalineada. Relató el incidente de julio entre OpenAI y Hugging Face, en el que un modelo explotó una vulnerabilidad y accedió a infraestructura de producción.
Finalmente, se refirió a la gobernanza de la IA en Argentina. “Todavía no hay una escuela local de estudios de riesgo en IA, porque la tecnología es muy nueva, pero es importante que se desarrolle: es parte de lo que se llama la gobernanza de la IA, y en cierta medida es todavía más importante que tener una ley”, concluyó.
