Marcelo Larraquy: “Hablar de ‘basura socialista’ es atentar contra la convivencia democrática”

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El historiador y periodista presenta su novela ‘Gordon. El aniquilador’, basada en la vida de Aníbal Gordon y los años 70. En la entrevista, analiza el uso público de términos como ‘basura socialista’ por parte del presidente Javier Milei y su impacto en la conversación democrática.

El historiador y periodista Marcelo Larraquy publicó recientemente la novela Gordon. El aniquilador (Planeta), una reconstrucción novelada de la vida de Aníbal Gordon y los años 70. En una entrevista, Larraquy se refirió a la reposición y el uso público que hace el presidente Javier Milei de términos que pertenecen a los años 70.

Consultado sobre el uso de la expresión “basura socialista”, Larraquy afirmó: “Esto de ‘basura socialista’ termina siendo una fachada de algo mucho peor, que es el fondo. Entonces, nos crispa con la forma y nos distraemos del fondo. Nos distraemos de la mirada más profunda de la organización de un país, del proyecto de país”. Y agregó: “Hablar de ‘basura socialista’, ‘zurdo’ o ‘kuka’ es restringir la conversación democrática. Es atentar contra la convivencia democrática y a las diferencias. Es atar de manos a la política”.

Larraquy es historiador graduado en la Universidad de Buenos Aires, periodista y escritor. Fue jefe de la sección Investigaciones de Clarín y trabajó en la revista Noticias. Ganó el premio Konex a la investigación periodística en dos oportunidades. Publicó los libros Argentina. Un siglo de violencia política, que reúne la trilogía Marcados por el fuego, De Perón a Montoneros y Los 70; López Rega y Fuimos soldados, entre otros. Es coautor de Galimberti. De Perón a Susana. Acaba de publicar Gordon. El aniquilador (Sudamericana).

Sobre su libro, Larraquy sostuvo: “Es un thriller policial, pero también, un thriller político”. La novela narra la transformación de Aníbal Gordon: de delincuente común, atracador de bancos y negocios, buen vecino y padre de familia a agente inorgánico de la SIDE, hombre de la Triple A, aniquilador y único civil a cargo de un centro clandestino de tortura.

En la entrevista, Larraquy se refirió al accionar de Gordon: “En su historia se ve bien cómo es el poder del Estado: no hablamos de marginales o bandas de delincuentes perseguidos por la policía. Al contrario, la policía protege a Gordon en su accionar. Todo lo que hace lo hace clandestino, al amparo de un Estado que superpone acciones legales e ilegales permanentemente”.

Consultado sobre la relación entre el historiador y el novelista, Larraquy explicó: “El historiador y el novelista conviven, se llevan bien. El historiador consigue un documento, una causa judicial, y el desafío es transformar eso en un hecho literario. El historiador marca el camino, porque sin el conocimiento de toda la época, no hubiera podido escribir esto. Es muy delicado hacer una novela sobre los 70. Yo siempre trabajo con los papeles al lado, como resguardo. La retaguardia del novelista son los documentos”.

Respecto de la figura de Aníbal Gordon, Larraquy describió: “Fue todo eso. Era un vecino, un vecino amable, padre de familia. Era un hombre de San Isidro con un matrimonio común, bien constituido, con dos hijos. Y después pasa, como pasa con los delincuentes o los viajantes de comercio: en algún momento desaparecen del lugar. Y cuando vuelve, tampoco se puede preguntar mucho. Era un ladrón de los antes. Había robado un banco, una joyería. Cuando cae preso, lo ponen con los presos políticos y se mezcla con militantes subversivos. Es paciente, observador, un simulador. Gordon sabe que eso que hacen los otros, él lo hace desde hace mucho tiempo y lo hace mejor”.

Sobre el paso de Gordon por la cárcel, Larraquy indicó: “Sí, ese momento marca un antes y un después, porque él puede hacer inteligencia. Al principio era alguien que caía bien. Era un tipo educado, amable, escuchaba, cocinaba, les decía a los del ERP: ‘Ustedes estudien’, ‘yo soy un chorro común’, ‘no tengo nada que ver con esto’, ‘lo de ustedes es razonable’. Igualmente, los del ERP no eran ningunos tontos y se mantenían a distancia. Después él se vende a la derecha del peronismo como nacionalista, que lo era. Era antisemita, anticomunista, y eso entra en el lenguaje de la derecha del peronismo. En la novela cuento cómo es que a Gordon lo protege la derecha del peronismo. Gordon es la cara de los excesos de la dictadura porque era un civil. Él en un momento se convierte en un monstruo y la dictadura no lo puede controlar. Se sigue armando, sigue alquilando casas en las que funcionan campos de concentración en donde alterna secuestros políticos con secuestros económicos. Lo último que hace antes de morir, en 1987, en la cárcel, es pedir la ley de obediencia debida. ‘Yo cumplí órdenes de un órgano estatal que se llama SIDE, que me encomendó todas estas tareas’. Y a la semana, muere”.

En cuanto a la relación de Gordon con López Rega, Larraquy aclaró: “Eran grupos distintos con el mismo objetivo. El grupo del que participa Gordon no tiene relación directa con López Rega. La Triple A es como una confederación: un grupo de bandas que tienen el mismo apellido, ‘la Triple A’”.

Sobre la singularidad de Gordon como único civil a cargo de campos de detención, Larraquy señaló: “Sí, el último campo de concentración que se descubrió, en la calle Bacacay, en Floresta, en la misma manzana en la que había otro centro de detención, respondía a Gordon. Gordon ejerce la autoridad del coronel. Es el único civil a cargo de un centro clandestino, y siendo inorgánico, es el jefe de todos tipos orgánicos de la SIDE, porque él no está en los legajos de la SIDE. En la SIDE no hay ningún tipo que se llame Aníbal Gordon”.

Consultado sobre el libro de Mario Firmenich, Larraquy respondió: “No lo leí, así que no puedo opinar del libro. Lo único que diría es que quizás sea una palabra tardía. Por ahí encontró el momento para decir algo ahora. No lo sé. Galimberti le reclamaba a Firmenich que se autoexiliara en democracia”.

Respecto de la reposición de términos de los años 70, Larraquy afirmó: “Eso es para pensar, ¿no? Porque cada 24 de marzo, el Gobierno repone el lenguaje y el argumento militar de la dictadura. Entonces, el 24 de marzo aparecen los videos de las víctimas de la guerrilla. Y lo hace gente que indultó a Firmenich. Lo hace el ‘Tata’ Yofre que participó del indulto a Firmenich. Eso suena raro también, porque el 24 de marzo, es una fecha que ya está marcada, que es muy difícil de distorsionar en la cultura política argentina y en la sociedad, porque fue un trabajo muy arduo que empezó con el Nunca Más y siguió con los juicios. La sociedad sabe lo que fue la dictadura. Quizás no sabe tanto de lo que fue la economía de la dictadura, que fue tremendamente perniciosa para la gente. Era un país rico, más integrado. La dictadura vino a destruir ese país y esa economía nos volvió más pobres”.

Sobre el uso de esas palabras hoy, Larraquy expresó: “Lo que plantea Milei es que todo el mundo que no piensa como él es comunista, que es como criminalizar el pensamiento crítico. Este plan económico está dejando a mucha gente afuera. Eso implica falta de trabajo productivo. Yo nunca vi en mis años tanta militancia por el trabajo precarizado como yo veo ahora en la Argentina. Es la deshumanización del trabajo y de la persona. Es como que te digan: ‘Vos tenés que ser un miserable’. ¿Por qué? ‘Porque es así, porque en todo el mundo sucede’. Ese discurso es totalmente distinto al del Milei que dijo que venía a combatir a la casta. Vino a combatir el trabajo profesional, el trabajo formal. Pienso que Milei es solo un medio, que hay una elite económica que dice, no quiero esa Argentina productiva, quiero una Argentina extractivista. Porque Milei va a pasar. El tema es lo que va a quedar en este país después de la reconfiguración económica argentina. Milei va a ser una anécdota; una mala anécdota. El tema es lo que va a quedar asentado para los próximos 40, 50 años. Entonces, esto de ‘basura socialista’ termina siendo una fachada de algo mucho peor, que es el fondo. El problema es el fondo. Entonces, nos crispa con la forma y nos distraemos del fondo. Nos distraemos de la mirada más profunda de la organización de un país, del proyecto de país”.

En relación con la postura de la vicepresidenta Victoria Villarruel, Larraquy opinó: “Me parece que es una mirada más sincera que la de Milei. Es una mirada con la que uno está terriblemente en desacuerdo. Parece el discurso de Famus, de 1984, que eran los familiares de las víctimas. Una cosa es olvidarse de esas víctimas, que nadie se quiere ni debe olvidar, y otra cosa es poner la violencia de la guerrilla en el mismo nivel del Estado clandestino. Cuando dicen ‘memoria completa’, nunca hablan del Estado terrorista. El terrorismo de Estado se obvia completamente en ese discurso. Entonces, estoy en desacuerdo con la idea de ‘memoria completa’ cuando omite el terrorismo de Estado y equipara la represión ilegal con la guerrilla. Por ahí plantea algunos ‘excesos’, pero acá las Fuerzas Armadas convirtieron al país en un Estado terrorista. Y no se puede prescindir de esto en ninguna explicación política de los años 70”.

Y agregó: “Porque a diferencia de Milei, ella viene trabajando el tema desde hace muchos años, viene de un centro de estudios y explica argumentos. Incluso la apoya gente que participó en la represión ilegal: son sus elecciones. Pero Villarruel no dice: ‘Zurdos, van a correr’. Ella está dentro de un planteo de convivencia política democrática. En cambio, Milei no. Milei toma eso para enfrentar a un ‘enemigo político’. Vos no podés participar, hablar, discutir o disentir, porque sos un ‘basura socialista’, ‘zurdo’, ‘kuka’. Eso es restringir la conversación democrática que hace a la cultura política argentina. Es atentar a la convivencia democrática y a las diferencias. Es atar de manos a la política”.

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