La actriz Peggy Sol, de 81 años, integra el elenco de la zarzuela La verbena de la Paloma, que se presentará desde el 12 de septiembre en el Teatro Avenida. Vivió 16 años en Canadá y reside en la Casa del Teatro desde hace doce años.
La actriz Peggy Sol, de 81 años, integra el elenco de la zarzuela La verbena de la Paloma, con dirección de Jorge Mazzini, que se presentará a partir del 12 de septiembre en el Teatro Avenida. La obra cuenta con más de treinta actores y cantantes en escena. Sol interpreta a Severina, una vecina del barrio de la verbena.
Nacida como Élida Lapadú, debutó a los 4 años bailando español. Durante su carrera trabajó en televisión, teatro y cine. En los años 90, cuando mermó el trabajo y perdió su casa por no poder pagar un crédito, se mudó a Toronto, Canadá, donde vivió 16 años. Regresó al país en 2014 debido al casamiento de su hijo y a la enfermedad de su madre y su hermano. Desde hace doce años reside en la Casa del Teatro.
En diálogo con LA NACION durante un ensayo, Sol afirmó: «Estoy muy contenta con este presente y ojalá sea la apertura para más trabajo. Hace poco me llamó una productora para darme un libro. Siento que tengo ganas de trabajar y mucha energía todavía. Cumplí 81 años y no me siento de esa edad».
Consultada sobre su regreso al trabajo después de varios años, la actriz señaló: «Volví de Canadá en 2014 y desde entonces hice muy poquitas cosas. Hice un unipersonal sobre la vida de Sara Bernal, que había hecho también en Toronto y en Ontario. Y con Nora Carpena hicimos radioteatro con público, con un libro de Alberto Migré, y fue una muy linda experiencia porque se recreaba toda la radio de aquella época. Hice además la obra Viento, con Déborah Fideleff y dirección de Gabriel Rovito. Y después ahí paré».
Sobre la escasez de trabajo, indicó: «Fue un impasse involuntario, porque hay poca ficción. Tengo la suerte de haber vivido la época de oro de la televisión. Y quizá también tuvo que ver con que estuve muchos años fuera del país. Sin embargo, la gente no me olvidó y me doy cuenta porque me meto mucho en las redes y me recuerdan con cariño».
Respecto de su vínculo con el director Jorge Mazzini, expresó: «Ya había trabajado con Jorge Mazzini en una obra muy graciosa que hacíamos con Diana Maggi. Hace un tiempo nos vimos en una reunión de Argentores, pero no se habló de trabajo. Y ahora me dio la sorpresa de llamarme para uno de los personajes. Aparte, la zarzuela es un género que adoro porque me subí por primera vez a un escenario cuando tenía 4 años, bailando español».
Sus inicios se remontan a un concurso en Radio Splendid que buscaba a la Rita Pavone argentina. Sol recordó: «Me presenté y gané el segundo puesto. El premio era estar en Sábados circulares y el madrinazgo de Pinky y Fito Salinas, y un contrato para RCA para grabar un disco doble. Y ahí empecé». Pinky le sugirió cambiar su nombre: «Me dijo que Élida Lapadú no tenía ‘punch’. Me sugirió Peggy y le agregué Sol».
En 1998 se radicó en Toronto. Allí aprendió inglés, realizó voluntariado, fabricó y vendió máscaras, cantó tangos y participó en obras de teatro. «Me fui en 1998 y recién empecé a viajar a Buenos Aires en el año 2002. No fue fácil porque los sajones son muy fríos… Nosotros tenemos otro feeling, otro sentimiento», declaró.
Sobre su regreso, explicó: «Porque mi hijo me dijo que se casaba; ya se había recibido de ingeniero en sistemas. Tenía la idea de volver a Canadá, pero se complicó la cosa porque se enfermó mi hermano y mi mamá estaba con Alzheimer y tuve que quedarme. Nunca más volví».
Antes de instalarse en la Casa del Teatro, alquiló un PH en Boedo, pero no pudo seguir pagándolo porque perdió su pensión canadiense. «Hay un convenio con ese país que dice que tenés que vivir seis meses allá y como no volví, perdí ese derecho. El aumento del alquiler fue tan drástico que no tenía adonde ir y el director Hugo Gregorini me sugirió que hablara con Linda Peretz para ir a la Casa del Teatro».
Actualmente, Sol se encuentra «muy bien» en la Casa del Teatro, donde participa en talleres de teatro e improvisaciones. Su hijo vive en Rosario con su esposa y su nieto. «Acá armé de nuevo mi vida, de alguna manera. Tengo un carácter emprendedor y me lo tomo como un desafío», concluyó.
