En su homilía dominical, monseñor Domingo Salvador Castagna abordó la relación entre la fe, el temor y la aceptación de la muerte, citando pasajes del Evangelio de Mateo.
El arzobispo emérito de la Arquidiócesis de Corrientes, monseñor Domingo Salvador Castagna, publicó su homilía dominical correspondiente al 30 de agosto de 2026, en la que reflexionó sobre la fe como perspectiva de vida y su vínculo con la aceptación de la muerte.
En el texto, Castagna citó el Evangelio de Mateo (16, 23) para referirse al pasaje en el que Jesús reprende a Pedro: «¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Tú eres para mí un obstáculo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres». Según el arzobispo, la intención de Pedro era buena, pero respondía al temor ante el anuncio de la Pasión.
El prelado sostuvo que «el que cree no tiene miedo» y que el temor corresponde a la falta de fe, citando Mateo 8, 26: «¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?». Añadió que la fe, establecida como perspectiva de vida, capacita al creyente para aceptar la «hermana muerte», expresión atribuida a San Francisco de Asís.
Castagna describió la vida humana como «un peregrinaje hacia el encuentro con la misericordia de Dios» y señaló que los confesores atienden a personas atribuladas por el temor de no haber sido perdonadas. En ese sentido, afirmó que «el rostro del Padre se hace visible en el rostro de Cristo».
El texto incluyó la cita de Mateo 16, 24: «El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga». Castagna explicó que «renunciar» implica abandonarse a la acción de Dios y que cada persona es responsable de su propia cruz, la cual se vuelve meritoria al unirla a la de Cristo.
También mencionó la oración de Santa Teresita: «Te ofrezco, Señor, el dolor de haber sido mala», y señaló que el camino hacia el perdón consiste en ofrecer ese dolor. Citó Mateo 16, 25: «Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida a causa de mí, la encontrará».
Finalmente, el arzobispo emérito reflexionó sobre Mateo 16, 26: «¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida?», y concluyó que la santidad, como obra de Dios, no puede ser canjeada por bienes terrenales.
