El referente mercantil Enrique Collantes afirmó que los servicios esenciales absorben el 50 por ciento de los ingresos de una familia tipo, lo que retrae el consumo y limita la capacidad de compra.
El escenario económico actual presenta una situación para el sector comercial: mientras los precios muestran una relativa estabilidad, el consumo no reacciona. La caída de la demanda, vinculada a un salario real que pierde poder adquisitivo frente a la inflación, generó una situación de ajuste en los comercios.
En diálogo con EL LIBERTADOR, el referente mercantil Enrique Collantes señaló que uno de los puntos más críticos es la modificación del gasto familiar. Hoy, el pago de servicios esenciales como luz, agua, telefonía y cable, sumado a la carga impositiva, absorbe aproximadamente el 50 por ciento de los ingresos mensuales de una familia tipo.
«El mayor consumo de la canasta familiar es el 50 por ciento de los gastos que realmente tiene que pagar», afirmó, y agregó: «esto personalmente tiene que ir cambiando, que las tarifas se tienen que regular, tienen que llegar a un tope porque si no el sueldo siempre va a seguir atrás de las tarifas y no se va a poder alcanzar nunca el consumo porque realmente en el bolsillo la gente ha hecho un impacto».
Esta situación genera una retracción en la compra de bienes cotidianos. Según Collantes, el consumidor, ante la obligatoriedad de los aumentos en servicios que no se ajustan a su realidad salarial, opta por la cautela a la hora de las compras.
Sin cuotas y sin crédito
La crisis no solo afecta los ingresos, sino también las herramientas financieras. Para Collantes, la desaparición o el debilitamiento de planes de financiación masiva, como el anterior «Ahora 12», quitó a los negocios su principal argumento de venta para productos de mayor valor.
A esto se suma un sistema bancario con tasas de crédito elevadas, lo que impide a las pequeñas y medianas empresas proyectar crecimiento o inversión, limitándose a sostener la estructura actual. El referente advirtió que, aunque el deseo de cualquier empresario es expandirse y generar empleo, la realidad actual obliga a «achicarse» o mantenerse estático frente a la incertidumbre.
Precios estables, pero por falta de demanda
Por otra parte, si bien se observa una normalización en el ritmo de aumento de productos básicos como la carne o el pan, este fenómeno no responde a una mejora macroeconómica, sino a la falta de compradores. «Lo que pasa es que los precios se van a tranquilizar porque el consumo sigue bajando», dijo.
Señaló que los fabricantes y empresarios se han visto obligados a ajustar sus pretensiones a la realidad de una góndola que ya no tolera aumentos diarios como los que se registraban meses atrás.
El horizonte de diciembre
Respecto al panorama para los próximos meses, la expectativa está puesta en que las actualizaciones de impuestos y tarifas encuentren finalmente un tope.
«Lo único que apelo es que el tope de la actualización de los impuestos, todo tenga un fin porque hay impuestos que no han subido el 3 por ciento o el 4 por ciento, han subido el 50 por ciento y el 60 por ciento, eso creo que no puede ser. A nivel nacional y provincial, depende de qué provincia y todo. Entonces creo que todo eso se tiene que ir acomodando».
La mirada está puesta en diciembre, mes que el empresariado marca como un posible punto de inflexión para entender qué rumbo tomará la gestión nacional y si, finalmente, se darán las condiciones para que el crédito baje y el consumo se recupere. «Espero que en diciembre se acomode para que la gente pueda empezar a consumir y, bueno, y nosotros poder seguir pagando al empleado lo que le corresponde y dar más trabajo a la gente. Esa es mi opinión», concluyó.
