El director nacional de Coordinación Interjurisdiccional de la Agencia Nacional de Seguridad Vial analizó la crítica situación de los siniestros viales en el Norte de Argentina, destacando que el NEA y el NOA presentan índices de accidentes en motocicleta superiores al 60%.
El director nacional de Coordinación Interjurisdiccional de la Agencia Nacional de Seguridad Vial, Patricio Smith, analizó ante EL LIBERTADOR la crítica situación de los siniestros viales en el Norte de Argentina. El funcionario destacó que las regiones del NEA y el NOA presentan índices de accidentes en motocicleta significativamente superiores al promedio nacional, superando el 60 por ciento.
Smith enfatizó en que la solución requiere una política de Estado transversal que integre la educación desde la etapa escolar para profesionalizar la obtención de licencias. Asimismo, sostiene que la responsabilidad de reducir la mortalidad en las rutas se divide equitativamente entre las acciones de control gubernamental y el comportamiento consciente de los ciudadanos. Finalmente, hace un llamado a ignorar las diferencias políticas para priorizar la seguridad pública como una gestión técnica y humana permanente.
—Nos encontramos en una jornada clave que reúne a especialistas de todo el país. ¿Qué expectativas genera esta convocatoria en la provincia de Corrientes?
—Ante todo, una aclaración: mi cargo es el de director nacional. Respecto a la jornada, me siento muy honrado y, sobre todo, satisfecho de que la Provincia de Corrientes tome el mando en esta necesidad de coordinar a todos los sectores del Estado provincial. Estamos aquí para atacar una problemática que es un drama a nivel nacional. Ver esa transversalidad de la que siempre hablamos reflejada hoy en las autoridades presentes en esta primera asamblea del Consejo Provincial es, sinceramente, una alegría.
—Al observar las distintas jurisdicciones del país, se suele hablar de una cuestión «cultural». ¿Qué tan real es esta diferencia en el terreno?
—Es un buen punto. Si analizamos el Norte Grande -incluyendo el NEA, la Mesopotamia y el NOA-, vemos que la problemática es muy similar. Es indudable que estamos en un proceso donde la conciencia, tanto del Estado como de la gente, ha empezado a cambiar. Y cuando uno empieza a medir con precisión, los datos son reveladores: el Norte Grande es la zona con mayor siniestralidad del país, particularmente en motos.
—¿De qué cifras estamos hablando cuando se refiere a esa particularidad regional?
—Mientras que la media nacional de siniestralidad en motos ronda el 41 o 42 por ciento, en estas provincias los valores se acercan al 60 por ciento. Y esto no se explica por una sola variable; no es que la gente no use casco simplemente por el calor. Tenemos el ejemplo de Posadas, en Misiones, donde el trabajo sostenido logró que no encuentres un solo motociclista sin casco. Eso demuestra que, cuando las autoridades se juntan y toman conciencia, los resultados aparecen.
—En ese sentido, ¿qué rol juega la formación de los nuevos conductores?
—Es la clave. Estábamos conversando con funcionarios de Educación porque necesitamos que los chicos incorporen contenidos de seguridad vial en su formación escolar. No se trata solo de dar talleres aislados, sino de que lleguen a su primera licencia mucho más preparados de lo que llegan hoy. Es un trabajo de fondo; no es algo que hacés hoy y tenés resultados mañana.
—Existe un debate histórico sobre si el problema es la imprudencia o el estado de los caminos. ¿Qué peso real tiene la infraestructura en esta compleja ecuación?
—El estado de la red vial es conocido por todos y tiene incidencia, pero, aunque parezca raro, su porcentaje es menor comparado con la falta de preparación. Pensemos en cómo aprendimos la mayoría: te subías a una bicicleta y de ahí pasabas a la moto sin ninguna instrucción sobre las consecuencias. Por eso trabajamos con los municipios en la capacitación de los instructores que otorgan las licencias, para que realmente enseñen a conducir con seguridad.
—Si tuviera que definir la situación actual de la seguridad vial en Argentina, ¿qué diagnóstico daría?
—Más que una calificación, prefiero dar cifras que deberían preocuparnos a todos: hoy tenemos más del doble de muertos por siniestros viales que por la inseguridad delictiva. Es una realidad que nos exige estar operativos las 24 horas. Yo tengo a mi cargo la Dirección de Fiscalización y nuestros agentes están en las rutas nacionales permanentemente; si el teléfono suena un sábado a las 3 de la mañana, salimos para donde sea. Pero hay que ser claros: esto es un 50 por ciento de obligación del Estado y el otro 50 por ciento responsabilidad nuestra como usuarios y actores de la vía pública.
—Algunos sectores piden que la seguridad vial sea una gestión técnica, lejos de la política partidaria. ¿Es posible lograr ese consenso?
—Coincido al mil por ciento. Aquí no puede haber colores políticos, ni distinciones entre fuerzas federales o provinciales. Somos todos lo mismo atacando un drama que debe ser política de Estado. También hay un compromiso político territorial que está cambiando: antes, a un intendente de un pueblo chico le costaba negarle la licencia al carnicero o… (la nota completa se encuentra en la edición impresa).
