La Biblioteca Popular Sarmiento, fundada en 1872, sigue siendo un espacio comunitario clave en Bella Vista, donde la lectura y la convivencia se combinan para ofrecer un refugio seguro a vecinos de todas las edades.
Decir que un grupo de chicos que sale más temprano de la escuela decida pasar esas horas libres entre estantes llenos de libros parece hablar de otro tiempo. Sin embargo, eso es algo que ocurre con frecuencia en la Biblioteca Popular Sarmiento de la ciudad de Bella Vista. Esta institución es la más antigua de la provincia y funciona como un espacio comunitario en el que, además de la lectura, se fomenta la convivencia. Un lugar donde, gracias al trabajo desinteresado de muchas personas y en un contexto social complejo, la comunidad encuentra un refugio que les ofrece seguridad y tranquilidad.
Fundada el 18 de abril de 1872 por un grupo de vecinos liderados por el escritor José Fermín González, fue la primera biblioteca popular que se inauguró en la provincia y la tercera en todo el país. Primero funcionó en una casa prestada y luego se trasladó al edificio actual de la calle Corrientes al 957. Desde 1911 lleva el nombre del prócer argentino y en el 2002 fue declarada Monumento Histórico e Integrante del Patrimonio Histórico y Cultural de la Provincia.
Abril siempre es especial para La Sarmiento porque, además de la celebración de un nuevo aniversario, también desarrollan múltiples actividades para festejar el Día del Libro. En ambos casos, la comunidad también es protagonista y ese es el resultado del trabajo incansable de todas las personas que a diario fomentan el cuidado de este espacio.
Uno de ellos es Gustavo Oviedo, el actual presidente de la biblioteca, quien contó cómo logran sostener e impulsar una fuerte conexión entre la comunidad y la institución. «Nosotros funcionamos como una institución de puertas abiertas. Pensamos en actividades para que participen niños, jóvenes y adultos en un ámbito amigable y cercano», dijo. Explicó también que son una entidad sin fines de lucro y que, además del aporte de los socios y el trabajo con instituciones públicas y privadas, «sostienen la actividad gracias a un modelo de gestión comunitaria que sale de sus puertas y busca a la gente».
Así, además de talleres, espacios para los más pequeños, encuentros culturales y presentaciones de libros, también se proponen salidas a las escuelas y recorridos con alumnos a sitios históricos y emblemáticos. «Nuestra propuesta es llevarles los libros a la comunidad. Como hacemos, por ejemplo, con las salidas de cuentos de terror donde vamos con los chicos y sus maestras y leemos las historias frente a casas abandonadas. Es algo que gusta mucho».
Sobre los cambios que fueron impulsando, Oviedo se refirió a la impronta local y regional que se ocuparon de darle a los libros y al contenido que ofrece la institución. «Contamos con un mobiliario antiquísimo que alberga más de 15.000 libros. Antes, la mayor parte de estos materiales provenía de otros lugares. Nosotros invertimos en libros locales, provinciales y regionales porque pensamos en una comunidad lectora más cercana que también pueda tener a mano las producciones que se hacen acá sobre nuestra historia y nuestra cultura», explicó.
En ese sentido, también mencionó que se ocupan de fomentar las producciones jóvenes. Así, con fondos que se esforzaron por conseguir, lograron publicar libros de autores locales, como, por ejemplo, el de una niña cuentista, un joven poeta y una novelista. En el edificio también funciona el espacio museo donde cuentan con documentación muy antigua. «Preservamos manuales de hace muchos años y también conservamos ejemplares del primer semanario provincial que se llamaba La Huella. Son documentos de gran valor histórico, pero eso no significa que deban estar apartados de la comunidad y es por eso que están dentro de la biblioteca a la vista de quienes nos visitan. Esto es así porque quisimos cambiar la idea de que un museo es un lugar intocable donde todo está quieto. Decidimos apostar a formar a la comunidad para que los cuide y al mismo tiempo los disfrute».
Según dijo Oviedo, esta idea la trasladan a todas las actividades que desarrollan dentro de la biblioteca. «No estamos de acuerdo con que los lugares asociados a la cultura estén llenos de carteles con prohibiciones, por ejemplo, a tomar mate, tereré, a venir a hacer las tareas, a conversar, etcétera. Nosotros alentamos la idea de que todo se puede, pero con cuidado, porque entendemos que el ciudadano cultural se forma con los libros, pero también conviviendo con el otro. Por eso la gente que viene acá saluda, tiene cuidado de no molestar, hace silencio cuando es necesario. Cuando empiezan a convivir hacen una apropiación del espacio comunitario y eso logra más confianza, apertura y aporta al cuidado».
Quienes se acercan a la biblioteca se encuentran con un lugar seguro, iluminado, con el mobiliario adecuado y personas dispuestas a acompañarlos. «A los vecinos les gusta venir. Buscamos eso. Acá siempre tenemos las puertas abiertas. Es una buena relación con la comunidad. Y eso lo vemos con los chicos, que cuando salen antes de la escuela, eligen venir acá».
