Guillermo Decurgez, más conocido por su seudónimo Decur, se convertirá a partir del próximo 1 de abril en el responsable de la contratapa del diario Clarín. El ilustrador rosarino de 44 años tomará así un lugar emblemático, que en el pasado fue ocupado por referentes como Roberto Fontanarrosa y Caloi, y que hasta esta semana llevaba la firma de Maitena.
Un camino con oficio y perseverancia
El dibujo acompañó a Decur desde la infancia, aunque durante mucho tiempo fue considerado un simple pasatiempo. En su adolescencia, trabajó junto a su padre en tareas de albañilería y luego desempeñó diversos oficios, incluyendo una etapa en un frigorífico y más tarde en una empresa automotriz, trabajo que su familia consideró un gran logro. Sin embargo, una doble hernia de disco lo alejó de esa actividad.
Un punto de inflexión llegó años después, durante un período personal difícil. Una entrevista televisiva al historietista Liniers lo impulsó a retomar el lápiz de manera definitiva. «Al día siguiente compré tres libros de ilustración y desde ahí no paré nunca más», recuerda el artista sobre ese momento catalizador.
Una búsqueda artística personal
Su regreso al dibujo no fue lineal. Decur lo describe como una «montaña rusa» de crecimiento y caídas. En paralelo, experiencias vitales profundas, como el nacimiento de su hijo con síndrome de Down, reconfiguraron su mundo emocional y su mirada artística.
Su obra, que ha obtenido reconocimiento internacional incluyendo la medalla de oro de la Sociedad de Ilustradores de Nueva York y nominaciones al premio Eisner, se caracteriza por haber abandonado la búsqueda de la perfección técnica. «Hoy dibujo una manito como si fuese una M. Me importa más lo que diga esa M que la mano perfecta», explica sobre su estilo sintético y expresivo.
Influencias y un sello propio
Entre sus referentes inevitables nombra a Quino, Caloi y, especialmente, a Fontanarrosa. De este último tomó un detalle que se volvió fundacional: la nariz de Inodoro Pereyra, que simplificó en la forma de un número 6. «De chico, con un amigo, dibujábamos personajes a partir de ese 6. Les decíamos los narigoncitos», relata con nostalgia.
Su propuesta para la contratapa no se basará en un único personaje o formato cerrado, sino que presentará un «pequeño universo» de historias diversas. Un eje central será la serie «Mi mejor amigo Pedro», que explora la relación entre Emilio -personaje inspirado en su hijo- y un chihuahua anciano que trabaja limpiando casas. «Es súper amoroso, te toca fibras muy íntimas», anticipa.
Un sueño de 17 años
Decur recibe esta oportunidad con emoción y cierta incredulidad. «Esperé esta llamada durante 17 años», confiesa. Asegura no sentir presión por ocupar un espacio con tanta historia, pero sí una gran expectativa. Sobre Maitena, a quien define como «una genia absoluta», aclara que no intentará imitar su registro: «Va a ser distinto».
Para el ilustrador, llegar a este espacio no representa una consagración, sino la continuidad de una búsqueda constante. El dibujo, afirma, es para él un lenguaje en permanente transformación, un camino que ahora se amplía hacia un nuevo y vasto público.
