El incremento del petróleo -de la mano de la guerra en Medio Oriente- y de la carne comienza a generar algunas dudas respecto de cuál será el nivel de inflación de marzo, una variable que también determinará cómo será el cierre del primer trimestre de 2026.
El precio de la carne, clave en la canasta argentina, ya había pegado un salto de 7,4% en febrero pasado y en marzo esa tendencia no se detuvo. Según analistas del mercado, en marzo se dio un avance no menor al 5%, lo que le metió más presión a la inflación.
Por si faltara algo, el golpe de la guerra en Medio Oriente arrastró al precio del petróleo y esto tuvo consecuencias en el valor de las naftas, que en lo que va de marzo crecieron hasta un 10%.
Todo esto lleva a que el primer trimestre del año se encamine a cerrar incluso por encima del del 9%, superior a lo que estaba previsto previo a la escalada del conflicto bélico. Según el Relevamiento de Expectativas del Mercado (REM), que elabora el Banco Central, las consultoras esperaban un movimiento del Índice de Precios al Consumidor (IPC) de entre el 2,4% y el 2,5%, una cifra que hoy ya empieza a quedar por debajo de la realidad.
El propio ministro de Economía, Luis Caputo, reconoció que la situación no es la esperada. “Veníamos muy bien hasta junio del año pasado y sufrimos un retroceso en los últimos siete, ocho meses”, dijo el jueves pasado en un encuentro del IAEF. Además, agregó que “a partir de ahora deberíamos volver a un proceso de desinflación. Más temprano que tarde la inflación va a converger a los guarismos que todos queremos ver”.
La tendencia del primer trimestre habrá sido entonces pareja en todos los meses. En enero, según las estimaciones que marcaba el REM, se esperaba un 2,4% y finalmente fue de 2,9%, la misma cifra que se alcanzó en febrero, desde el 2,7% previsto.
Ahora, las estimaciones indican que la inflación de marzo se ubicaría entre el 2,8% y el 3%, en línea con lo que ya ocurrió en enero y febrero, cuando el IPC fue del 2,9% en cada uno de esos meses. Sin embargo, algunas consultoras también marcan un 3,5%.
Si finalmente los cálculos de los especialistas se cumplen, el primer trimestre de 2026 cerraría por encima de la marca de 2025, cuando en el mismo lapso tocó el 8,5%. Así, si se toma como parámetro lo que ocurrió en los primeros trimestres desde 2016, el de este año se ubicaría en una suerte de mitad de tabla si se arma un listado con lo que ocurrió entre enero y marzo de cada año.
El período enero-marzo de este año quedaría en el quinto lugar de esa tabla de posiciones, por debajo del 8,5% de 2025, el 7,8% de 2020, el 6,7% de 2018 y el 6,3% de 2017.La peor marca desde 2016 quedó para 2024, con el 51,6%.
“La variable estrella del programa económico, que es la tasa de inflación, hoy se encuentra en una meseta y está empezando a frustrar algunas expectativas. Para marzo se estima que la inflación ronde el 3%, es decir muy similar a las marcas de enero y febrero”, sostuvo a Clarín el economista Ricardo Delgado, titular de la consultora Analytica.
El economista Fernando Marull, socio de FMyA, también va por esa línea, aunque otras consultoras, como Isonomías, hablan de un posible 3,5%.
Con la mira puesta hacia adelante, lo que queda ahora es analizar cuál pasará a ser la progresión. En principio, los cálculos de algunos analistas sostienen que en abril se podría observar alguna baja inflacionaria, aunque “nada muy destacado”.
“A partir de abril el Gobierno puede mostrar alguna curva descendente en la inflación, aunque muy moderada y de ninguna manera pensando en perforar el 2%”, dijo Delgado, y destacó que si bien la economía argentina no afronta una situación de recesión, sí se da un estancamiento. “La actividad no reacciona”, explicó.
En cuanto al incremento de las naftas, hoy una variable clave debido a las fuertes oscilaciones del precio del petróleo generadas por la guerra en Medio Oriente, el impacto se puede ver desde dos costados. Uno es el peso directo que tiene sobre el IPC, que no llega al 0,4%. Pero el otro es el que puede impactar sobre segmentos dependientes del petróleo.
Uno de ellos son los productos del agro, que se ven afectado tanto por los costos de producción como de transporte. Los combustibles –en el caso del campo, especialmente el gasoil- y fertilizantes se encarecen, y elevan los precios de los productos agropecuarios y de los alimentos al consumidor.
Lo que habrá que ver en este punto es qué margen de traslado a los precios tienen las empresas, hoy bajo o nulo debido al flojo nivel de consumo.
