Qué mirás, negro de mierda?: violento ataque de una patota a un chico de 16 años en Pinamar

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Una travesura juvenil que escaló de una manera impensada, dejó a un chico internado con lesiones en la cabeza y removió el dolor de una de las peores tragedias que se vivió la Costa Atlántica, el asesinato de Fernando Báez Sosa. Thiago tiene 16 años y este sábado a la madrugada, denunciaron sus amigos, fue atacado por una patota de «chicos bien» en Pinamar. Pero con el correr de las horas, se supo la verdad: lo golpeó uno de sus propios amigos, quien al final de la tarde terminó quebrándose y confesando todo.

Thiago estaba pasando sus vacaciones en Pinamar con sus padres. Era el último día. Mientras sus papás, Sebastián y Lucia, pescaban en el muelle, el chico esperaba en el estacionamiento del lugar junto a dos amigos, también menores. Faltaba poco para volver a casa, para que las vacaciones quedaran atrás. Pero la madrugada terminó en una golpiza que lo dejó internado con un hematoma cerebral.

El ataque ocurrió entre las 5.30 y las 6 de este sábado, en el estacionamiento del muelle de Pinamar. Según la primera versión, que le contaron los amigos de Thiago a sus padres, un grupo de al menos siete jóvenes apareció desde la zona del muelle y se les fue encima sin mediar discusión. Primero los insultaron y después los golpearon, especialmente a Thiago.

Siempre según el relato de los chicos, uno de los agresores –que vestían camisas blancas y volvían de «un boliche»– le dijeron “¿Qué mirás, negro de mierda?” antes de atacar a patadas en la cabeza al adolescente de 16 años.

Como contó después Sebastián, el papá de Thiago, a Clarín, toda la situación removió el peor fantasma: el drama de Fernando Báez Sosa, asesinado a golpes en la madrugada de Villa Gesell el 18 de enero de 2020.

“Fue algo parecido a lo de Fernando”, dijo Sebastián en diálogo con este diario el sábado por la tarde.

Sebastián no vio el ataque. Estaba a pocos metros, desarmando todo lo que había montado para pescar, sin saber lo que estaba pasando. Minutos antes, Thiago estaban en el centro con dos amigos, como el resto de los jóvenes que pasan el verano en Pinamar. Fue a pasear porque era el último día. Le avisó a su mamá que ya estaban para volver y que la esperaba en las letras grandes del centro, por el cartel con el nombre de la ciudad. Laura los fue a buscar con su auto, los llevó al muelle y les dijo que la esperaran ahí en el estacionamiento. “Esperen acá que voy a ayudar a papá a traer las cosas”, les dijo.

Sebastián vio a la policía al lado de su hijo y sus amigos. Le hizo un gesto a los efectivos avisándole que ellos estaban con él, pensando que la policía estaba haciendo el barrido habitual por las playas a la madrugada. Pero cuando se acercó, entendió la gravedad.

Thiago estaba consciente y le contó a su papá que lo rodearon y lo golpearon mientras lo insultaban. Los amigos sostuvieron la misma historia. Para Sebastián, “si no llegaba la policía, pasaba a mayores”.

“Tenía los dos ojos hinchados”, recuerda. Con su esposa lo subieron al auto y lo llevaron de inmediato al hospital municipal de Pinamar.

Los médicos hablaron primero de hundimiento, después de posible fractura. “Uno decía una cosa, otro decía otra”, describe. “Lo estaban por llevar a Mar del Plata pero no había lugar, estuvieron buscando por todos lados”, describe.

Según lo que informó el Ministerio de Salud bonaerense a Clarín, Thiago tiene un hematoma cerebral y debió ser trasladado a un centro de mayor complejidad. Por eso, minutos antes de las cuatro de la tarde, fue derivado por tierra al hospital Bicentenario de Esteban Echeverría, donde quedó internado y bajo observación.

“Por suerte está consciente, puede hablar”, dijo Sebastián. Mientras tanto, la familia pasó horas mirando cámaras de seguridad junto a los amigos del chico. “Identificaron a dos, pero las cámaras están lejos”, explicó.

Pero con el correr de las horas, la historia dio un giro inesperado. Y también se lo contó el padre a Clarín. El que golpeó a Thiago fue uno de sus dos amigos, mayor que él, de 17 años. Todo el relato fue una puesta en escena de los adolescentes, que se sostuvo hasta el momento de ver las cámaras en el centro de monitoreo: ahí el amigo se quebró y confesó.

«Estoy destrozado. No lo puedo creer», le dijo, conmocionado Sebastián. E intentó encontrar una explicación: «Mi hijo no iba a mandar al frente a sus amigos». Era la primera vez que estos chicos los acompañaban en las vacaciones.

“Nosotros somos de Temperley, venimos todos los años porque tenemos a la familia de mi mujer. Cada año mi hijo me dice ‘Pa, ¿puedo llevar a mis amigos?’”, contó. Esta vez era la primera. «Estaban jodiendo, uno se calentó y el de 17 le pegó mal a Thiago», agregó el hombre sobre lo que pasó en el estacionamiento.

Hoy, con Thiago internado, el papá es claro sobre lo que importa: “Yo lo único que quiero es que mi hijo esté bien”. Tras la denuncia de la familia, se dio intervención al fiscal Juan Pablo Calderón, de Pinamar, quien dispuso una serie de medidas para identificar y localizar a los agresores. Finalmente, se descartaron. El amigo y agresor quedó aprehendido, pero Sebastián no quiere tomar represalias porque es amigo de su hijo «casi de nacimiento». «No quiero que lo detengan», pidió.

AS

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