Ana Liss Pitter, la entrerriana que participó en Supervivencia al Desnudo: Náufragos en Filipinas

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La especialista en supervivencia oriunda de Concepción del Uruguay forma parte de la nueva temporada del programa de Discovery, que se desarrolla en el Sudeste Asiático. En una entrevista, detalló su experiencia y los desafíos enfrentados.

La franquicia de Discovery Supervivencia al Desnudo estrenó su nueva temporada titulada Náufragos, disponible en Discovery Channel y HBO Max. En esta versión, 12 especialistas son abandonados en mar abierto durante la noche en una zona del Sudeste Asiático. Entre los participantes se encuentra la argentina Ana Liss Pitter, nacida en Concepción del Uruguay, provincia de Entre Ríos.

Pitter, quien ya había completado un primer reto de 21 días en una temporada anterior, volvió a participar en esta edición grabada en las costas de Filipinas. En una entrevista con el suplemento Weekend, relató los detalles de su preparación y experiencia.

Preparación y habilidades

Consultada sobre su preparación, Pitter declaró: «No sabía adónde iba; me enteré cuando estaba en viaje. Así que tenía que ir preparada para todo. Lo que llevaba eran las herramientas de supervivencia que me dio mi vida creciendo en la naturaleza. Soy hija de un gran pescador que además era cazador, así que aprendí esas habilidades desde muy chica. Sé nadar, sé cazar, sé hacer trampas. Sabiendo que iba a un desafío así, llevé mi machete y un arco con flechas. Pero lo que más llevé fueron mis habilidades y, por supuesto, la fortaleza mental. Eso es fundamental: en la supervivencia es un 80 % mental y un 20 % habilidad».

Sobre el inicio de la experiencia, que no fue el habitual, Pitter explicó: «Todo empezó con shock. Estábamos supuestamente yendo al lugar en una lancha y de repente lanzaron una bengala en la noche. Esperaba bajar al amanecer, probablemente caminar muchos kilómetros descalza -para lo cual me había entrenado-, y sin embargo estuve como 4 o 5 horas adentro del agua. Tuve unos momentos de locura al principio, pero me dije: ‘Esto es lo que me toca afrontar, hay una familia y gente apoyándome detrás, hay que ponerle el cuerpo'».

Convivencia y dificultades

En cuanto a la convivencia con sus compañeros, Pitter señaló: «Aprendí a manejar las diferencias culturales con mis dos compañeros de ruta. No fue fácil compartir la experiencia con personas del otro lado del planeta que se conocían entre sí y hablaban el mismo idioma, dos estadounidenses. Ellos no sabían de mi existencia y fue mucho más difícil congeniar sin dominar la lengua, sumado a estar con hambre, cansados y mal dormidos. Mis compañeros fueron bastante particulares: Malú, una influencer, y Darin, un experto en supervivencia nivel 10. Yo quedaba en el medio. Sobrellevar las relaciones humanas en ese contexto no es poca cosa».

Respecto de la fauna peligrosa, relató: «La serpiente que cacé y comimos era venenosa. En el momento no lo pensé: vi comida y ataqué. Después, analizándole la cabeza, las pupilas y la dentadura, pude confirmar que era claramente venenosa. También estuvimos expuestos a medusas y a muchos ciempiés de Filipinas, que son altamente tóxicos, además de ver tiburones en repetidas ocasiones».

Efectos de la experiencia

Sobre los cambios sensoriales, Pitter afirmó: «Resurgieron instintos primitivos. Por ejemplo, el olfato: podía oler el repelente de la gente de producción a 200 metros. Con la lengua pasa lo mismo, se vuelve virgen y a un fruto silvestre le sentís un sabor tremendo. Y el ciclo del sueño cambia por completo: sin luz artificial, te dormís a las 7 de la tarde y te despertás a las 6 de la mañana, con un período de latencia a medianoche donde todos nos despertábamos a reflexionar. El ser humano está programado biológicamente para eso. La luz artificial y las pantallas lo alteran».

En cuanto al regreso, expresó: «Te hace sentir gigante por momentos y muy pequeña e insignificante por otros, al ver tanta inmensidad de mar y jungla. Salir de ahí es un antes y un después: ves milagros por todas partes. Abrir la canilla y que salga agua es un milagro, y una bendición tan grande, al igual que tener jabón o bañarme con agua caliente. Damos por sentadas cosas básicas que en la naturaleza no lo son».

Actividad profesional

Pitter también se refirió a su vida fuera de las cámaras: «Soy dermocosmiatra y tengo un centro de remoción de tatuajes. Hago micropigmentación estética y paramédica oncológica, ayudando a mujeres a recuperar sus aréolas, pezones y cejas después del cáncer de mama. Es una tarea que me llena mucho».

Finalmente, sobre su retorno al país, contó: «Anhelaba abrazar a mis hijos -tengo tres varones, mellizos de 12 y el otro de 11 años- y tomar mate. Cometí el error de no llevarme el equipo de mate a Filipinas pensando que no tendría tiempo, y estando en la isla tenía una ansiedad enorme por tomarme uno».

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