El especialista con más de cinco décadas de experiencia sostuvo que no todos los perros responden igual a las mismas técnicas y que es necesario evaluar el impulso de cada animal desde temprana edad.
Tom Dokken, adiestrador de perros de caza con más de cincuenta años de experiencia, declaró que no todos los perros comparten la misma motivación ni la misma personalidad, y que aplicar un entrenamiento idéntico a todos puede ser un error. La afirmación surge de una entrevista y sesión de entrenamiento realizada con la periodista Natalie Krebs para Outdoor Life en su propiedad de Dakota del Sur.
Dokken comparó a los perros con integrantes de un equipo deportivo: algunos son «superatletas» que disfrutan entrenar repetidamente y luego competir, mientras que otros tienen menos impulso y parecen participar porque el contexto los impulsa. «Son como las personas», explicó el entrenador en la conversación.
Según Dokken, antes de exigir resultados es necesario observar el drive de cada perro, es decir, el impulso para perseguir, recuperar una presa, trabajar o responder al ejercicio propuesto. También analiza cómo reacciona ante la presión, qué lo entusiasma y qué puede hacer que pierda interés.
El especialista sostuvo que alrededor de los cinco meses es más sencillo identificar y estimular esas tendencias que esperar hasta el año sin contacto con aves. En su escuela utiliza sesiones tempranas de introducción a pájaros y disparos para conocer la personalidad antes de avanzar hacia trabajos más exigentes.
Asimismo, rechazó la idea de que un buen entrenador debe presionar siempre un poco más. «Algunos perros pueden ser empujados», afirmó, mientras que con otros es necesario avanzar despacio para conservar sus ganas de trabajar. Un exceso de control demasiado temprano puede reducir el impulso de algunos ejemplares; en otros, con alta motivación, establecer límites desde el principio resulta indispensable.
En el caso de Hatchet, el labrador amarillo de la periodista, Dokken detectó que no disfrutaba demasiado de ciertos ejercicios, pero se transformaba cuando aparecían aves reales. Su solución fue dejar de tratarlo como si todavía estuviera únicamente practicando y darle más experiencias de caza. «Necesita oportunidades», señaló.
Esa flexibilidad explica parte de su reputación. En Oak Ridge Kennels, la escuela que fundó, no puede seleccionar solo a los perros con mejores aptitudes y descartar a los demás, como ocurre en algunas competencias. Sus clientes quieren recuperar a su animal entrenado, lo que obliga a encontrar qué motiva a cada uno.
Para Dokken, comprender la personalidad del perro no es un complemento del entrenamiento: es el punto de partida. Antes de decidir cómo enseñarle, hay que averiguar qué clase de «jugador» se tiene delante.
