El presidente Javier Milei expuso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas. Ratificó la causa Malvinas como innegociable, anunció acciones por el proyecto petrolero Sea Lion y cuestionó el funcionamiento del organismo multilateral.
El presidente Javier Milei pronunció un discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas. En su intervención, ratificó la causa Malvinas como una causa nacional innegociable y afirmó que la Argentina «tomará cartas en el asunto» ante la falta de consecuencias de las resoluciones de la ONU.
«La Argentina no se va a sentar a esperar a que la ONU y la comunidad internacional estén a la altura de su propio mandato, y va a tomar cartas en el asunto», declaró el mandatario.
En concreto, el jefe de Estado se refirió al avance del proyecto petrolero británico Sea Lion en la Cuenca Malvina Norte. Calificó las licencias otorgadas por el Reino Unido como ilegales e ilegítimas. Asimismo, sostuvo que el principio de libre determinación no resulta aplicable al caso por tratarse de una población implantada por la potencia ocupante.
Como respuesta a la explotación no autorizada, detalló las acciones emprendidas por el Poder Ejecutivo: emisión de notas de desaliento y presentación de recursos jurídicos; sanciones a las empresas involucradas y a sus proveedores; y el envío al Congreso de la Ley de Defensa de la Soberanía Nacional.
Pese al endurecimiento de la postura, el Presidente reiteró la invitación al gobierno británico para reanudar las negociaciones bilaterales y resolver de forma pacífica y práctica la disputa de soberanía.
Cuestionamientos al multilateralismo y a la Agenda 2030
Milei dedicó un tramo de su intervención a criticar el funcionamiento actual de las Naciones Unidas. Afirmó que el pacto fundador del organismo se encuentra roto y transformado en un «leviatán burocrático». Según su visión, la ONU ha fracasado en su misión de garantizar la seguridad colectiva al mantener un silencio cómplice ante el terrorismo islámico, apañar dictaduras y mirar para otro lado en la causa Malvinas.
Asimismo, apuntó contra la Agenda 2030 y las regulaciones ambientales o de género, a las que catalogó como esquemas de control estatal de corte orwelliano. Pronosticó el fracaso de la futura Agenda 2045. En esa misma línea, calificó las restricciones sanitarias adoptadas durante la pandemia de Covid-19 como un «experimento global de control social», y justificó la decisión de su administración de abandonar la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Alineamiento con Occidente, Vaca Muerta e inteligencia artificial
En el terreno de la política exterior, la diplomacia argentina ratificó un alineamiento «sin ambigüedades» con Occidente, destacando la afinidad estratégica con Estados Unidos e Israel. Milei repudió los ataques del régimen iraní, recordó la catalogación de la Guardia Revolucionaria como organización terrorista y reafirmó la búsqueda de justicia por los atentados de 1992 y 1994 en suelo argentino. Aclaró que cooperar con el mundo no significa subordinarse.
En materia económica y tecnológica, el discurso incluyó convocatorias al capital privado internacional con inversión en Vaca Muerta, donde invitó a las compañías mundiales a desarrollar el potencial energético argentino. Fijó el límite de no tolerar a firmas que exploten recursos en áreas bajo ocupación ilegal.
Respecto al Polo global de Inteligencia Artificial, prometió ubicar a la Argentina en la vanguardia del sector mediante un marco jurídico sin regulación preventiva, beneficios fiscales y esquemas de responsabilidad limitada para empresas de IA.
Milei concluyó afirmando que el país dejó atrás décadas de administración de la decadencia para abrazar el capitalismo de libre empresa, con el objetivo de consolidarse como una nación políticamente relevante, económicamente influyente y militarmente respetable.
