En un contexto marcado por las bajas ventas de las alimenticias en general, el segmento lechero atraviesa esta primera instancia del año con un viento en contra que no ha dejado de intensificarse sobre todo desde 2025. El escenario para ese nicho se ve marcado por una merma en la comercialización de la que recientemente dio cuenta el Observatorio de la Cadena Láctea (OCLA), aunque la entidad también reconoció que diciembre pasado fue un mes de cierta mejoría. Sin embargo, la tormenta persiste: algunas entidades que agrupan a las pymes lecheras del interior afirman que en enero la venta de productos lácteos se habría reducido al menos un 18 por ciento. En el segmento también se subraya que en los últimos dos años cerraron más de 1.000 tambos en la Argentina, y que la combinación de esas variables es la que explica la delicada situación operativa y financiera que atraviesan firmas como Lácteos Verónica, Luz Azul, o la misma SanCor. O empuja la salida de gigantes como Saputo, que acaba de vender el 80% de su negocio lácteo en la Argentina al holding peruano Gloria Foods, con el traspaso incluido de marcas como La Paulina, Ricrem y Molfino.
Si bien en el ámbito de la lechería reconocen que en 2025 la generación de materia prima subió más del 9%, también se señala que la merma de varios meses que evidencia el consumo, combinada con el alza de los costos operativos y la falta de financiamiento fresco para afrontar el endeudamiento acumulado que muestran la mayoría de las firmas grandes del sector, mantiene en terapia intensiva a casi todo el sector.
Por otra parte, la mayor generación de leche no se ha traducido en una rentabilidad provechosa para toda la cadena. Así, recientemente entidades como CONINAGRO y FECOFE advirtieron que el sector «atraviesa una fase negativa marcada por precios estancados, cierre de tambos y concentración productiva«.
«En 2025 los productores tuvieron solo un aumento del 6% en muchas zonas, y eso llevó al cierre de tambos y a un proceso acelerado de concentración», dijo al respecto Martín Echavarri, integrante de la Cooperativa Tambera Dos Hermanas de Serrano, en la provincia de Córdoba, y dirigente de FECOFE. Según datos de Ansol, 2025 concluyó con 8.900 tambos operativos, lo cual perforó el piso histórico de ese segmento.
«Para el mercado lácteo argentino, los cierres de tambos asociados a cooperativas representan una señal de alerta; estas unidades productivas no solo aportan volumen de leche cruda a la industria, sino que también sostienen la economía regional y el vínculo entre el productor primario y la industria transformadora», precisó la agencia en cuestión.
A tono con eso, OCLA afirma que en lo que lleva de presidente Javier Milei ocurrió el cierre de 1.024 tambos en la Argentina.
Esos guarismos, que muestran lo dañada que está la cadena lechera desde sus bases, se sienten aún más en los pilares que sostienen a las principales lácteas del país. Aunque con matices según el caso, nombres de comprobado peso en el mapa de la actividad han exhibido en semanas y meses recientes desde parates productivos hasta conflictividad laboral, pasando por endeudamiento agravado, falta de materia prima y pérdida de franquicias.
Semejante escenario también motivó cambios de estrategias como los aplicados esta semana por Saputo, que pasó de comandar la comercialización local de derivados lácteos a prácticamente retirarse de la Argentina.
La venta del negocio de Saputo, un indicador que preocupa
Hasta el traspaso de su negocio, la compañía canadiense lideraba los números nacionales de procesamiento de leche con más de 3,5 millones de litros diarios. La venta a Gloria Foods implica la transferencia de activos industriales estratégicos y marcas con fuerte presencia en las góndolas.
Como publicó iProfesional, el acuerdo contempla el traspaso de dos plantas de producción y de etiquetas históricas como La Paulina, Ricrem y Molfino, todas con gran penetración en el mercado local.
Si bien se aclaró que Saputo no abandona por completo la Argentina, ya que seguirá contando con una porción del negocio que le permitirá participar del mercado exportador, en el ámbito lechero señalan que la firma ejecutó esa maniobra para afrontar la visible merma que muestra la comercialización de lácteos en el escenario doméstico. De ahí la intención de la firma norteamericana de concentrar su apuesta en la colocación de productos en el exterior.
En las últimas horas, desde la compañía se argumentó que la desinversión responde a un cambio «en su estrategia global de asignación de capital». En el último año, la filial argentina generó ingresos por aproximadamente 1.200 millones de dólares canadienses, equivalentes a cerca del 7% de la facturación consolidada del grupo. Dicha porción representa una porción relativamente baja para el volumen de recursos que la firma viene destinando a su operatoria doméstica.
«Esta desinversión mejora nuestra flexibilidad financiera y respalda la reinversión específica en plataformas que ofrecen las mayores oportunidades de crecimiento, a la vez que nos permite mantener una cartera de productos de origen argentino para nuestros mercados internacionales», declaró al respecto Carl Colizza, presidente y CEO de Saputo.
Vale aclarar que la operación está sujeta a las aprobaciones regulatorias correspondientes y se prevé que se cierre de manera formal en el primer trimestre del año fiscal 2027 de Saputo. Hasta entonces, la empresa canadiense continuará operando como hasta ahora en la Argentina.
Lácteos Verónica, en un momento dramático
En sintonía con el mal momento que sufre la lechería, Lácteos Verónica acumula meses arrastrando una crisis que ya huele a cierre total. Fuertemente endeudada y ausente de las góndolas y heladeras de los supermercados, la firma transita este tramo de febrero con nula actividad en sus plantas en Clason, Lehmann y Suardi, en la provincia de Santa Fe.
Lácteos Verónica acumula más de 10 días sin realizar ningún tipo de transferencia a sus empleados, que suman varias semanas de haberes impagos. Al mismo tiempo, la lechera dejó de cubrir sus gastos en términos de servicios de electricidad y agua, y ya no elabora lácteos tras verse interrumpido el flujo de materia prima por los continuos incumplimientos con su cadena de proveedores.
Desde hace algo más de una semana, Lácteos Verónica paró por completo la producción «a fasón», es decir, para terceras marcas. Se espera que durante la jornada del miércoles, y en el contexto de las marchas contra la reforma laboral, buena parte de sus 700 empleados se movilicen exigiendo soluciones ya en Capital Federal.
En cuanto a la situación de la deuda bancaria de la compañía, iProfesional constató en el registro del Banco Central (BCRA) que la empresa acumula 3.877 cheques emitidos sin fondos y una deuda en ese ítem de casi 13.600 millones de pesos.
Al mismo tiempo, Lácteos Verónica debe miles y miles de pesos a entidades de crédito como Catalinas, Credibel y Trend Capital. También posee deudas con los bancos Nación, BBVA, Santander, Galicia y Macro, entre otros.
El contexto actual, señalan voceros de los empleados de la lechera, es de total incertidumbre y en el horizonte no se descarta una quiebra inminente. Dicha acción implicaría la pérdida de 700 puestos de trabajo.
Por el lado de los proveedores, la situación también es dramática: cerca de 150 productores de leche de la provincia de Santa Fe se unieron recientemente para reclamar el pago de mercadería entregada y nunca abonada.
Se estima que sólo con ese grupo de tamberos la deuda que mantiene Lácteos Verónica se ubica en torno a los 60 millones de dólares. En simultáneo a la parálisis en la producción que tiene lugar en las instalaciones de Lácteos Verónica, la posibilidad de que sus dueños promuevan un traspaso de activos sigue en la indefinición. Esto último, más allá de que se rumorea que la francesa Savencia podría estar interesada en la operación de la lechera en crisis.
Luz Azul y las franquicias que se pierden
Otro ejemplo cercano del mal momento que padece el sector lácteo está en lo expuesto por Gabriela Benac, titular de Luz Azul, quien hace escasas semanas reconoció caídas en las ventas, esfuerzos para absorber a sus franquicias y entrega de mercadería al personal.
«La situación de la industria láctea es compleja, hay una sobreproducción de leche en el mundo y particularmente en Argentina donde hay un sobrestock y mucha cantidad de quesos. Por una cuestión de oferta, los precios se mantienen estables», declaró la ejecutiva.
«Estamos absorbiendo cada vez más locales franquiciados para no perder presencia en el mercado y que no cierren los locales», agregó.
Por estos días, Luz Azul cuenta con una red de 70 puntos comerciales, de los cuales alrededor de 57 corresponden, precisamente, a franquicias de la marca.
«Los franquiciados primero manifiestan que no pueden pagar la mercadería y cuando vemos que se endeudan les hablamos para comprarles el local y que al menos recuperen la inversión inicial» afirmó.
Benac remarcó que, dado el contexto actual, el público consumidor busca precios y que a las lácteas solo les queda no aumentar los valores para de alguna forma evitar una mayor caída en las ventas. Claro que eso ocurre a cambio de perder rentabilidad comercial, aclaró.
«Con el queso cremoso estamos perdiendo entre un 5 y un 6 por ciento. Hace tres meses lo habíamos aumentado, pero lo tuvimos que bajar un 20 por ciento porque hay ofertas en todos lados y necesitamos mantener lo que tenemos», explicó, en declaraciones radiales.
Según se indicó, desde un tiempo a esta parte, Luz Azul comenzó a entregar mercadería y otros «plus» para amortiguar de alguna forma la pérdida de poder adquisitivo que también complica a su personal.
SanCor, en manos de la Justicia y debiendo sueldos
Un nombre de peso que sigue profundizando su caída a partir del contexto macroeconómico y la deuda acumula de gobiernos anteriores es SanCor, que sigue sumando capítulos complicados.
Así, y a partir de los continuos incumplimientos de salarios y deuda con proveedores que ha efectuado la unión de cooperativas, a fines del mes pasado la Cámara de Apelación de Santa Fe confirmó la intervención dispuesta para la compañía por el juzgado de Primera Instancia de Rafaela.
De esa forma, se ratificó que la láctea será coadministrada por el aparato judicial de la provincia en cuestión. Por estos días, SanCor acumula una deuda laboral del orden de los 20.000 millones de pesos. Al mismo tiempo, la firma suma más de 300 pedidos de quiebra en su contra.
Un aspecto que dio lugar a la ratificación aplicada estuvo, según fuentes judiciales, en que la cúpula de la lechera dio señales de no querer colaborar con la investigación llevada a cabo por los tribunales.
Recientemente, José Pablo Gastaldi y Alberto Eduardo Sánchez, dos expresidentes de la lechera, fueron procesados por la presunta apropiación indebida de al menos $1.600 millones que, señala la Justicia, debieron destinarse al pago de los aportes de los operarios de la firma.
La medida en cuestión, establecida por Aurelio Cuello Murúa, juez federal de Rafaela, incluyó un embargo por $90 millones aplicado a ambos exejecutivos. También se rechazó la posibilidad de que Gastaldi y Sánchez obtengan una suspensión del juicio fijado por el mismo Cuello Murúa.
En la actualidad, la compañía apenas se sostiene a partir de los contratos a fasón, esto es, la producción para terceros que aún mantiene con firmas como Elcor, Punta del Agua y La Tarantela.
A principios de noviembre de 2025, la directiva de la empresa presentó ante la Justicia un plan de crisis que propone, a modo de aspecto sobresaliente, el recorte de 304 empleos como medida concreta para mejorar el presente financiero de la lechera.
En los últimos dos años SanCor implementó 370 despidos aunque, más allá del tenor de la medida, la láctea no logró reducir su rojo operativo y financiero.
La Suipachense y ARSA, dos casos de cierre
A modo de confirmación de que el declive del negocio lechero no perdona la vida de las compañías, conviene recordar que a principios de noviembre de 2025, el juzgado Civil y Comercial N°7 de Mercedes decretó la quiebra de Lácteos Conosur S.A., razón social de la tradicional empresa láctea La Suipachense.
La compañía venía de atravesar un fuerte conflicto gremial y 140 empleados de su planta en la localidad bonaerense de Suipacha se quedaron sin trabajo.
El cierre de La Suipachense ocurrió tras una tensión que aumentó a lo largo del año: movilizados ante la posibilidad de despidos masivos, sus empleados acumularon más de 60 días de acampe en las instalaciones de la firma. En meses recientes la compañía prácticamente no procesaba leche y su planta estaba a un paso de quedarse sin luz ni gas por falta de pago.
También en el inicio de ese noviembre finalmente se decretó la quiebra de Alimentos Refrigerados S.A. (ARSA), la compañía que desde 2019 se encargaba de producir yogures y postres con la marca SanCor
Vía resolución judicial, se estableció el cierre formal para una crisis que llevaba meses paralizando la actividad en su planta industrial de Sunchales, Santa Fe, donde trabajaban más de 400 personas.
Los empleados habían mantenido la operación a pulmón durante meses, pese a la falta de aportes patronales y salarios adeudados. Al día de hoy, muchos de ellos siguen sin cobrar y sin recibir información oficial sobre su futuro laboral o las posibles instancias de recuperación del negocio.
A la par del endeudamiento que evidencian la mayoría de las compañías lecheras, lo cierto es que el panorama actual del sector lácteo combina factores que ponen en serio riesgo la continuidad de muchas empresas.
En ese sentido, la sobreoferta de leche cruda, con volúmenes que crecen semana a semana y se acercan a los máximos estacionales, coincide con un mercado interno deprimido, que sigue siendo el principal canal de venta para la mayoría de las firmas pequeñas y medianas del segmento.
Asimismo, los precios finales muestran caídas que van del 5 al 10%, lo cual refleja un consumo retraído y la pérdida sostenida del poder adquisitivo. El cuadro negativo se completa con exportaciones que se ven cada vez más restringidas.
Finalmente, el tipo de cambio vigente y la pérdida de competitividad externa limitan la colocación de excedentes en el mercado internacional, dejando a muchas empresas con producción acumulada y sin alternativas comerciales rentables.
